El frío llega por norma impuesta a la ciudad. Sin preguntar, por bien educado entiendo, si es grata su entrada. Pasa y se instala, sin preguntar a nadie, sabiendo que su estancia ya está preparada por unos meses. Ciertamente se siente en casa.
Salimos juntos a pasear y vuelvo con las manos congeladas, suplicando por un radiador caliente. Un tazón de sopa esperando en la mesa y humeando para pasar el rato frente a un reloj cuyas agujas incesantes crean un ambiente especial, el sonido del tiempo.
El tiempo me ha enfriado la sopa, y el humo ahora sale de mi cigarro. Espero paciente su muerte, sentencio la sopa y me dispongo a pensar en tu llegada, alrededor de las siete de la tarde. El frío me da ganas de abrazarte y arroparte en mi cuerpo. Tan humano y tan instintivo. El amor llega también en invierno. Nosotros fuimos el amor de invierno más explosivo. Por eso eres el amor de mi vida.

