Vivimos rodeados de seres vivos. Animales, plantas, seres humanos, todos buscamos lo mismo, la supervivencia propia y de la especie. Unos lo tienen más fácil que otros. Diferentes entornos y escenarios vitales crean una variedad de situaciones. Un día más, salvar la vida.
Recogido en su propio ser, en la terraza de un bar, un ser busca comida, cobijo y seguridad en un día lluvioso de Madrid. Esa ciudad feroz en medio de la península, que no les permite a algunos seres enfermar o padecer, ya que la muerte está siempre al acecho. Realmente también es así en plena naturaleza, ley de supervivencia. El más débil caerá. Una afirmación que hacia un humano es inadmisible, todos merecemos ser iguales y no ser discriminados por nuestra condición vital. Quizá por eso en esta ciudad la muerte me perturba un poco más, hay seres que solo buscan habitar la ciudad sin mayor pretensión que seguir sus instintos y sobrevivir. Los días más oscuros, también lo son para otros seres vivos.
De vuelta a la terraza, la gente pasa imperturbable a su alrededor. Observo como un hombre aparta al animal de un golpe de bota, mientras se sienta a las nueve de la mañana a tomar el primer trago de cerveza del día. Unas chicas observan al animal y una mueca de asco invade sus caras, mientras comparten un croissant de jamón y queso a la plancha. El resto de la terraza ni siquiera ha visto a ese pobre ser. Me acerco y lo recojo entre mis manos, está empapado y no reacciona a mi presencia, se deja ir sabiendo que un final cruel acecha, al fin y al cabo, los humanos somos seres crueles, capaces de hacer daño por puro placer o diversión. No podré hacer demasiado, y se irá, protegido, sin miedo y siendo respetado. Todos los seres que habitan esta tierra merecen respeto y compasión. Entre miradas de desaprobación y asco, porto al animal en mis manos, lo cobijo bajo mi abrigo y lo acomodo en una caja en mi coche. Algo de comida para llenar el buche y un poco de agua. Come y bebe sin miedo, de una forma voraz. Sus plumas y posición evidencian una muerte cercana. Los he observado tantas veces que puedo reconocer el momento en el que se han dejado ir. En paz, con música en mi coche y mientras conduzco, se ha ido. Con respeto, y amor.
Se me rompe el alma, aún sabiendo la naturaleza de los seres. Vuela, y sé feliz.


Tan bello el relato como tú!!! Eres un ser especial con un corazón especial 💞
Lindo y triste. ¿La sepultaste? Creo que es bueno hacerlo y no dejarlas por ahí.