El vuelo de un pájaro me hace pensar. Abre sus alas y se impulsa hacia el cielo. Coge inercia y vuela alto, una vez arriba, puede permitirse cerrar sus alas y disfrutar del descanso, sin olvidar que para poder seguir con su vuelo, tendrá que seguir aleteando pocos segundos después.

Al final no se nos puede olvidar que lo que en esta vida consigamos, nos dará un remanso de paz, y luego deberemos seguir remando. A nadie en este mundo se le concede el privilegio de volar sin alas, soñar sin demonios y mantenerse en el cielo sin ejercitar las alas.

Somos pájaros en la tierra.

The girl who played with tears

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