Caminar un día más de la semana, en este caso un jueves, prestando atención a los detalles. Disfrutar en ese camino de la luz de la tarde, del paseo tan agradable con Lola y de la sensación de libertad al no tener que ir mañana a trabajar. Parar en un paso de cebra absorta en la música de Arde Bogotá, el grupo que me descubrieron mis amigos este fin de semana y no hemos parado de escuchar en casa. Y de repente un comentario ligero y entusiasta. Una bolsa de tela bordada que cuelga en mi hombro derecho ha llamado la atención de una chica rubia con una sonrisa amable y sincera. La compré hace un par de semanas en la librería solidaria del barrio y me encantó cuando la vi en el mostrador. La dependienta me contó que una joven del barrio las había bordado para ellas. Pensé en el gesto tan generoso y bonito, y quise formar parte llevándome una a casa. Esa chica del paso de cebra era la bordadora de mi bolsa.  Nos enfrascamos en una conversación vespertina acerca del bordado, la literatura, y las herramientas de aprendizaje. Algo sencillo y natural, espontáneo. Eso me hizo pensar en la palabra casualidad, que además había sido un punto de la conversación. La casualidad es una palabra que estamos bastante acostumbrados a utilizar, y que nos une un poco a la idea de que la vida nos puede sorprender sin motivo aparente. Y eso en cierto modo, es verdad. Pero creo que la causalidad es mucho más potente, al final el hecho de comprar aquella bolsa hizo posible un encuentro agradable entre personas semejantes que viven cerca y que sin ese bordado característico de por medio no hubiesen mediado palabra. Causa y efecto. Así que creo que estar atentos
a la causalidad haciendo aquello que sentimos cerca de nuestro ser es una forma bonita y potente de atraer las situaciones, personas y cosas que queremos tener cerca durante nuestras vidas.

The girl who played with tears

Author The girl who played with tears

More posts by The girl who played with tears

Leave a Reply