Febrero 2015
No quedan rosas en San Valentín, la sociedad las ha podado todas.
Voy a hablarte de ti, no de mi, porque eres mucho más grande de lo que piensas, y tengo la impetuosa necesidad de que lo entiendas.
Erase una vez una poetisa muerta que desafinaba las cuerdas de cualquier mito. Un día enterró en vida todo ápice de inspiración que pudo encontrar en su interior.
Erase una vez un artista. Lo supe por su manera de andar, y su mirada fugaz sobre una taza de café cortado en la ciudad del frío. Se esfumó. Como la inspiración.
Erase una vez un artista, creador de momentos. No de película, si no de montaña rusa. De cero a cien en un parpadeo.
La poeta se marchaba, pero él la clavó, como se plasma el arte en un papel. O en la puerta de un bar. Fue entonces cuando la tierra de la tumba se removió. De letras muertas a inspiración viva. Ella comida por el miedo y la resignación, ante la idea de seguir siendo un poco peor cada día. Queriendo rozar de nuevo la pornografía del alma.
Él por su parte, comenzó a ser, humano y no solo artista. Creedme si os digo que faltan caricias en este mundo. Comenzó a sembrar, como quien espera recoger algo, curvas con dos nudos en sonrisas llanas. Pintó vistas en una habitación abierta a un patio gris en pleno invierno, inundándolo de luz.
Reconstruyó un alma rota. Se preparó para comer y ser comido, con un temido te quiero por bandera.
Y joder, creó una república en medio de la anarquia, e incluso le puso banda sonora.
Vaciló al miedo y corrió detrás de ella. Un acto heróico, ya que el no sabía que ella le estaba regalando el bamboleo de sus costillas.
Los artistas tienen su punto de locura. En días grises padecía una amnesia oxidada que le hacía olvidar el color de este mundo. De color negro, y manchando las manos como el carbón. Puto mundo.
En parte esta historia es para que recuerde que en este mundo, nadie pinta como él. Nadie juega como él. Nadie sonríe como él. Y absolutamente nadie había reparado en aquella muchacha de la barra del bar como él lo hizo. Pico y pala para desenterrar aquella tumba. Deseando querer quedarse para siempre.
Entonces, el miedo fue sano. La ilusión, magia. La mejor receta ante un ataque al corazón. Con un jersey para dos y una vida de inspiración. Rosas en San Valentín.
Más bonita cada día. Sin miedo al amor y habiendo encontrado algo de lo que este mundo carece. Alguien tan sumamente especial como él. La vida se lleno de letras y pinturas. De caligrafía e imaginación.
Ananda, es todo lo que él creó.
Por muchos años más a tu lado, F.

