Volver a los orígenes, hace unos años, no recordaba lo de follarme los cigarros. Volver a pensar que la poesía no se ha prostituido tanto aún.
Volver a escribir y abandonar la idea mañana. Ahora, gin tonic en mano. Fijarse en lo estético y olvidar el contenido. Y rememorar una vez más las vistas de la calle Amaya con un edificio a medio construir delante. Con un patio encharcado, y el bullicio como actor principal. Saber que aquí no hay vistas, aunque no se deberían necesitar par volar alto.
Pura comodidad y desidia.
