Se sigue hablando en el metro. Las buenas costumbres no están perpetuadas por esta juventud. Hoy  una mujer se ha sentado al lado de una pareja, en uno de esos asientos calientes y duros de plástico azul. Conmovida por cuatro ojos diminutos metidos dentro de un carro, ha comenzado a hablar. En su mirada existía una ilusión propia de una conversación de viejos amigos. Hablar en el metro, en la calle o en un bar es una costumbre en extinción. La gente ya no está habituada a ese contacto y cuando lo sienten, sienten nostalgia. Nostalgia de conocer, dudar y aguantar el tipo si no nos agrada. Los tortazos reales son mucho más conflictivos en el momento que cualquier tortazo virtual. Intercambiar teléfonos en una servilleta, invitar al ultimo de la barra. Mirarse en el metro, y cambiar el rumbo a falta de un móvil que lo encuentre. La gente ha perdido la costumbre, pero se sigue hablando en el metro.
The girl who played with tears

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