En mi cama con medida uno para dos, faltan tus caricias esta noche. Este rincón se ha vuelto más pequeño y me siento grande en esta nube que has dejado impregnando todo.
Cada pedazo de mi vida y rincón de mi alma.
Llegaste un diciembre enero, pero en febrero acabaste de quedarte para una eternidad en este mundo tan mortal. Te has quedado, en mi cabeza.
Vuela, porque sentir las alas en compañía no es un instinto común en mi. Suelo llegar, huir y no soltar más plumas en un mismo cielo. Cuento los días antes y después de ti, porque la verdadera religión es la que el corazón profesa. Consciente subconsciente.
Que me llevó hasta ti para quedarme, porque solo faltaba media manzana para pintar unas camisetas de colores. Y no soy muy fan de las piezas, tu y yo no nos hemos recompuesto.
Hemos creado un mundo a la máxima potencia del ingenio.
Aguardábamos inconscientes el momento exacto de no desesperar, pero esperar. Solos hemos sido grandes, unidos, algo más frágiles. Agarrense, ha nacido la revolución sentimental.
(Y tú, que estabas solo a un paso de café…)
No quiero más gatos rondando tejados, arañando el humo que difumina el viento. Tanto tiempo sobrevolando la ciudad para sentarme en este fuego, y no quemarme.
