Vivimos parte de una guerra. Sin balas ni trincheras, con más comida que conocimiento, con más ilusión que miedo. Y con más miedo que ganas.Dos meses después es como si no hubiera ocurrido jamás. Un recuerdo lejano de algo que recordamos vagamente. Lo más recordado, el compañerismo y el empeño cada día. Las fotos de esta guerra están grabadas a golpe de EPI en nuestras cabezas.
La guerra de las enfermeras. Quizá algo premonitorio en el pasado hizo que idealizase esa imagen femenina enfundada en un traje puro en medio de la batalla.
Aquí sentada, en la terraza que me inspiró una mañana en Madrid, he vuelto a ver a la encargada del Condis, pero no ha tomado café hoy. Sin cascos de música y hablando con la gente que pasa, ofreciéndoles su amabilidad y una sonrisa algo más amarga. Recostada en un banco de la Plaza Getafe, algo más cansada y con la mirada no sé muy bien dónde.
La normalidad nunca ha sido tan normal para mi. Mi propia normalidad ha sido siempre mucho más entretenida.

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