Nos vamos de Madrid. Aquellos que llegamos con las manos llenas de dudas y esperanza, y maletas repletas de recuerdos que queríamos borrar. Nos vamos de la ciudad a la que llegamos bohemios, en busca de una libertad que solo esta gran urbe era capaz de sembrar en los corazones. De la ciudad que, en algún momento, nos robó algo valioso: a algunos, historias y personas; a mí, mi pitillera labrada de La Habana, en el metro de Estrecho.

Aún recuerdo cómo pensé ese día lo pequeña que me sentía en aquella gran ciudad a la que vine a habitar y a ser. Ser, porque Madrid te dejaba fluir por sus calles y avenidas con tu propia mochila, sin esperar que fueras nadie especial. Habitar, porque Madrid era casa, a pesar de la inmensidad de sus latitudes. Siempre podías volver a un rincón que te hizo feliz.

Pero nos vamos de Madrid. Aquellos que nos esforzamos por incluir en nuestras raíces un clavel en San Isidro, y sentir el barrio como propio. Ya no podemos estar aquí. Madrid nos expulsa de sus fronteras sin dejar espacio para la felicidad, es hogar y exilio.

Black Mirror ya no está tan lejos de la realidad. Las calles de Madrid se han llenado de bajos sin vida, pisos de lujo y zulos a precio de oro. De personas que parecen ajenas al tejido del barrio, recién llegadas a una ciudad que ya no reconocemos. Hasta hace poco, vivíamos en un barrio de toda la vida. Ahora no. Todo es conceptual y efímero, diseñado para causar impacto. Todo es excesivamente caro y elitista. No queda lugar para la improvisación. Si te dejas llevar, probablemente acabes el mes sin poder comprar plátanos de Canarias.

Los que llegamos a Madrid ya no somos los de antes. El impacto de la impersonalización, promovida por las redes sociales, ha hecho mella en nuestra forma de habitar el mundo. A veces, al final del día, pienso en el Madrid que conocí y en el que veo ahora. Madrid me invita a marcharme cada día si quiero vivir mejor. Pero para vivir mejor, debo quedarme en Madrid.

La gran paradoja del mundo moderno, correr sin avanzar, como en una rueda de hámster.
Nos vamos de Madrid, pero no.

Madrid,
Madrid,
Madrid.

The girl who played with tears

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