Siento nostalgia y tristeza. El día no acompaña, y los sentimientos se rigen más por el cielo que por nuestras preferencias. En Burgos hace frío, llovizna y el cielo se torna de color plomizo a cada hora que sucede esta mañana de domingo.

Sentada en esta cocina con las piernas sobre el taburete azul que tantas veces me ha visto fumar desganada en la campana. Ahora la tristeza la percibo de una forma diferente, he aprendido a manejar mis emociones algo más que antes, y como dice Fito, he salido a la calle abrazado a la tristeza. Las noticias desalentadoras desde primera hora de la mañana, me hacen plantearme la desconexión digital. Nunca aclamarán las bondades que ocurran, la guerra y la pandemia han borrado todo atisbo de esperanza, al menos en los noticiarios. Vivimos con la inercia del inevitable paso del tiempo. Acudimos a nuestros trabajos e intentamos sacar algo de beneficio personal. No solo el económico, nuestra generación ha sido preparada para puestos en los que poder desarrollar el potencial personal de cada uno. Una formación alejada de la realidad. Seremos un número, hay superpoblación de personas con preparaciones de nombres rimbombantes, salidos de universidades y escuelas de negocios con renombre. O sin el, pero no dejan de ser instituciones respetables desde hace siglos. Aunque ahora todo se ha desvirtuado, desde el más esencial de los instintos humanos, hasta el aspecto más técnico de una profesión. Vivimos y no notamos demasiado los cambios, aunque sí que percibimos como día a día, nos alejamos un poco más de la prosperidad. Las subidas de precios, impuestos, la guerra y la pobreza. La picaresca de algunos y la integridad de otros. 

No queda esperanza estos días, inmersos en titulares sensacionalistas nos dedicamos a temer lo que pueda venir olvidándonos de lo que ya está ocurriendo en este mismo instante. 

Hoy el día acompaña este desasosiego mental que me nubla la felicidad. Lo acepto y avanzó, no hay 

otra opción. Vendrán tiempos peores, y deberíamos ir trabajando nuestros pensamientos más profundos. La guerra, el hambre, las enfermedades…cada día están más cerca de nuestras casas.

 

The girl who played with tears

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